TRUMP NOS MIRA, BAILANDO EN LA CALLE, LLENOS DE FELICIDAD POR LOS INGRESOS(Eligio Damas)

Eligio Damas From: damas.eligio@gmail.com To: George Diaz Thu, May 7 at 1:27 PM Trump nos mira, bailando en la calle, llenos de felicidad por los ingresos Eligio Damas En Cumaná, decíamos, cuando la duda nos embargaba, “ese carajo cómo que es medio jodedor”. Él nos mira felices, o mejor eso dice a quienes le creen, mientras la realidad, esa señora terca, en verdad, nos tiene hundidos en una enorme tristeza. Pese hay quienes de repente amanecen optimistas, al mediar al día, vuelven al deprimido estado de antes. El irónico, suele decir las cosas al revés. Lo blanco es negro y hacer reír con un cometario aparentemente triste y al contrario de sus palabras, medidas una a una. El irónico suele ser un artista que, hasta elude acusaciones de violar determinadas reglas, pues si se estudia su expresión palabra por palabra, de manera formal, se encontrará que dijo una cosa y no otra; aquella que los inteligentes, agudos, que los hay en abundancia en el pueblo, perciben y captan. Dijo lo que quiso decir, pero no dijo. Trump es presidente de los EEUU y lo es, en buena medida, porque primero llegó a ser un magnate. No empezó a luchar por su causa desde abajo, con los pies descalzos y hundidos en la tierra. Y esto no es un poema, sino simplemente alude al convivir de muchos en medio del fango, hasta no haber agua. Menos en favor de causa alguna que el poder formal tenga como prioritario. Quizás, es lo que creo, Trump no sea un hombre de los que llamaría cultos, como parece no serlo, empezando porque estos suelen ser de mucha sensibilidad humana, nada dispuestos a bombardear país alguno, pero si tiene la formal formación de los hombres de negocios. La sensibilidad por lo bello que empieza en la condición humana, no anida en Trump. Posiblemente tiene en su espacio íntimo diplomas universitarios, de escuelas prestigiosas que forman a la clase dominante estadounidense y a la cual entran multitudes intentando que eso les sirva para llegar al cielo, su cielo y hasta sea excepcionalmente hábil. De una escuela que forma para “tener éxito” y, para ello, lo que haya por hacer no tiene impedimento. ¡La moral, contraria al éxito, que no es otra cosa que abultar las cuentas dinerarias y para ello asirse del poder, no se enseña en esas escuelas! Por eso Trump, que nada de bruto tiene y además es fiel a la moral de casa y de la escuela, sabe usar la ironía; una que jode, ofende y humilla, pero no deja motivos para la condena, pues al usarla, apunta con la vara de cristo y ensarta con la lanza de Cruzado, aquellos que guerreaban, no como a uno le contaron en una escuela tonta, para “rescatar los santos lugares”, aquellos de Jesús y los inicios del cristianismo, sino más bien para apoderarse de espacios ajenos. Hubiesen sido idiotas los inversionistas, jefes de Cruzados, papas y hasta el Estado español mismo, de haberse dedicado a guerrear por encima del Mediterráneo por Cristo y sus valores. Los americanos sabemos que la religión fue un arma para la conquista y alcanzar la sumisión propia para la explotación y repuntar la economía europea. Trump, pese todavía no han llegado los carnavales, que no creo sean muy alegres, por muchas causas, nos ve bailando en las calles. En mi ciudad natal, Cumaná, aquella de las comparsas, teatro callejero, cantos de innumerables coros y abundantes danzantes, como los de la entonces joven Mariíta Rodríguez y “Chiguáo”, pero también del agua y azulillo y el tarzán de Luis Hurtado, quien luego se transformó en “El diablo de Cumaná”, no creo que, este año, la alegría inunde sus calles. Para empezar, no hay agua en las tuberías, la fuente que viene del Turimiquire está obstruida y, el trabajo por recomponer aquello, marcha con demasiada lentitud, pues “pa´ eso no hay plata”. En toda Venezuela, el salario está enjaulado y atado a rígidas cadenas. El bono, es de poca monta o sigue siéndolo y “gozamos” de un modelo de igualdad, por orden ejecutiva, donde todos cobramos lo mismo, desde el decano, director, especialista hasta la menor y más humilde escala. Por supuesto, los de arriba, hablo de los de más arriba, desde donde comienzan los descensos y no hay escalas académicas, sino burocráticas, el trato es otro. Allí hay una desigualdad de iguales. No cobran bonos y, si eso le llaman bono, no es de la misma medida que el mío y el del resto. Porque la igualdad, tiene su hito o “mojón”, donde todo empieza y termina; entendiendo que esta palabra originalmente se usó y usa como “señal física (piedra, poste, hito) utilizada para delimitar terrenos, propiedades o caminos”. Trump, que llamó “oleada”, al acto de violencia, guerra contra Venezuela, el cual dejó un “esterero” de muertos, el 3 de enero, para secuestrar a un presidente con quien había llegado a acuerdos, pero no le convenía firmarlos de manera pública, pues eso sería desmentir todo la narrativa que había utilizado, lo que había inventado antes, para desacreditarlo y además, como decimos en Cumaná, quedar “en feo” ante los suyos, los de allá y los de acá adentro, está diciendo ahora que, los venezolanos estamos, sin ser carnaval, pues este ya pasó, “bailando en las calles de contento” porque nos sobra real. Pero mientras él, eso dice, el venezolano movido por el asombro, mete las manos en el bolsillo, abre su cuenta de la banca y no encuentra “medio”, para decirlo como en los viejos tiempos, pues el “bono de guerra”, esa como limosna que se nos da a todos por igual, sin importar qué somos, de dónde venimos qué hemos hecho y hacia dónde vamos, porque somos un país de iguales, pero uno como dijo Cantinflas, “donde unos son más iguales que otros”, no ha llegado y, cuando llegue, encontrará que, al comprar lo mismo de la vez anterior, pagará mucho más; es decir, el patrón, generoso, quiso y quiere que sigamos iguales en todo. Que el hoy, sea tal como ayer. Y, entonces, no nos excedamos en el consumo, porque esto “genera inflación” y hace el hoy distinto al ayer y mata la igualdad. Pero Trump, irónico, no sólo nos jode, por un lado, sino que de nosotros se ríe. Pues según, algunos muy bien enterados, él y los suyos, como ese “simpático y buena gente” que llaman Marco Rubio, una especie de caballero andante dispuesto a dar su vida en favor nuestro, los latinos, decidieron administrar los ingresos nuestros por venta de petróleo al ritmo y ante solicitud por ellos aprobada. Y como nada o poco aprueban, lo que no es difícil de entender y hasta suponer el motivo, el dinero que, a gotas comienza a caer, se agota en los primeros pisos. El agua que baja desde arriba, no llega al pie de la montaña, la atrapan en la parte de arriba. Pues si los de arriba, entre ellos son iguales, pues volviendo a Cantinflas, son unos más iguales que los de abajo, destinados éstos a morirse de sed en favor de la igualdad. Justamente, el argumento que manejan los técnicos del alto gobierno y sus asociados, hasta el reciente ministro del trabajo, lo dijo en su primer discurso, para justificar el no aumentar los salarios, es que los ingresos, por ahora, son pocos. Es decir, acá adentro, se maneja un discurso diferente al de Trump, pese las buenas migas de ahora. Además, la LOT, tal como es ella, de nada sirve, pues el gobierno halló en alguna Ley, como aquella, para secuestrar y enmudecer; lo que no sé si es legalmente valedero, pero sucede, le funciona y ha funcionado para hacer las paces con Fedecámaras. Trump es un jodedor, sabe que los reales, de los que habrá bastante, dado lo que consiguió con su oleada, los retendrá hasta cuándo le sea posible y necesario, sin obviar que hasta podrían extraviarlos. Y lo hará con equilibrio, que la balanza no se incline hacia acá, sus razones tiene para ello y, además, quienes gobiernan, en eso convinieron. Trump debe cuidar los detalles, no le conviene tampoco crear algo que no sabe a ciencia cierta cómo domarle y no quiere ni le conviene se le vaya de las manos. Pero como él es irónico, le gusta mofarse hasta de los suyos, tiene la conducta propia de quienes nosotros llamamos jodedores y otros burlones, tanto que, de sus aliados de Venezuela, a quienes le ofreció democracia, libertad y los puso a soñar que “entrarían a Miraflores por la puerta grande”, ahora se ríe y, ante ellos, se da la vuelta y le tira la puerta en las narices. Tanto que estos, se le han vuelto en contra, retornan a los predios de los demócratas estadounidenses y esperan ver a Trump derrotado en las elecciones de noviembre. ¿Qué pensarán los demócratas tan atados al capital petrolero como Trump? No creo que, en eso, sean muy distintos. Y entonces, en noviembre las sonrisas serán mayores y hasta más festivas, de unos por ver derrotado a Trump o de este por haber ganado. Y de aquí a allá, el mundo habrá cambiado, tanto que habrá majarete; una licuadora enorme, hará el trabajo de disolver, licuar partes y todos terminarán confundidos. Y quienes antes se odiaban se mirarán iguales y se preguntarán “¿Por qué antes peleamos? Y quienes, a aquella máquina trituradora, licuadora, no entraron, seguirán cantando los mismos himnos, contando las mismas historietas y la igualdad, diseñada desde EEUU, como las sonrisas y la alegría ironizada de Trump, asomará a las mismas caras.

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