MAXIMO CANALES , DEL SECUESTRO DE ALFREDO DI ESTEFANO AL DE NIEHOUS. !COMO CAMBIA LA MODA!(Eligio Damas)

Eligio Damas From: damas.eligio@gmail.com To: George Diaz Tue, Apr 23 at 2:33 PM Máximo Canales. Del secuestró de Alfredo Di Estéfano al de Niehous. “¡Como cambia la moda!” Eligio Damas Cuando llegué a Mérida, siendo Secretario de Organización Nacional de la Juventud del MIR, bajo el liderazgo de mi entrañable amigo y compañero de muchos años de lucha desde que estábamos en AD, Moisés Moleiro Camero, pues era él el Secretario Juvenil Nacional, quien recientemente, si mal no recuerdo, había sustituido a Américo Martín, en tarea de evaluación de nuestra organización de esa entidad, el entonces Secretario Juvenil Seccional, acompañado por el dirigente nuestro del sector universitario, cuyos nombres omito de manera deliberada, me plantearon con mucha preocupación un asunto que manejaban, sin saber exactamente qué hacer, cómo resolverlo. Cuando hablaban conmigo, en los espacios de la entonces residencia universitaria, me señalaron a un joven que estaba a unos pocos metros de distancia, dentro de un pequeño grupo de unos cuatro personajes, tan jóvenes como él, pues eran estudiantes de la ULA y de los tantos que se alojaban en aquella residencia, de quien me dijeron era Máximo Canales, quien en verdad se llamaba Paúl del Río y a quien sólo conocía de sólo haberlo visto varias veces por los alrededores de la Federación de Centros Universitarios de la UCV, ubicada esta frente a lo que se le llamaba la plaza del Rectorado. Sabía además, en ese entonces que, era militante de la juventud del MIR, pero en el sector llamado en nuestra jerga, el militar y bajo el control o dirigencia de otra instancia, entonces dirigida nacionalmente por Simón Sáez Mérida. Pues el sector en cual yo me desenvolvía, era el que llamábamos como convencionalmente “el legal”, pese el partido todo estaba ilegalizado y por tal circunstancia operábamos clandestinamente. Mis compañeros dirigentes juveniles y estudiantiles del MIR estaban realmente preocupados, pues días después del secuestro de Alfredo Di Estéfano, llamado la “Saeta rubia”, entonces la figura más descollante del fútbol suramericano y mundial, por un grupo de compañeros comandados por Máximo Canales, éste les fue puesto a su disposición para que le protegieran, ocultaran y hasta buscaran la manera de sacarlo hacia Colombia. Tuve por esa conversación y hasta quizás por imprudencia, la oportunidad de acercarme y hablar con Máximo Canales, quien era un poco menor que yo. Entonces le percibí hondamente preocupado y no era para menos, pues era buscado por la Digepol, “como medio lucio”*; un cuerpo policial, el antes mencionado, ya desatado en cometer las mayores barbaridades, dada aquella orden de Betancourt de “disparar primero y averiguar después” y cuando en sus prácticas ya habían hecho de la “Seguridad Nacional”, el cuerpo represivo de Pérez Jiménez, “un niño de pecho”. En reunión con la dirigencia juvenil y universitaria de nuestro partido en Mérida, dado que éramos un sector que procuraba actuar dentro de la legalidad, lo que era hasta más peligroso que el sector armado o como se llamaba, yo diría que hasta un poco como infantilmente, militar, pues por la “legalidad”, nos hacíamos notar, estábamos más cerca y hasta expuestos, como en efecto lo era, a la acción represiva del gobierno, acordamos trasladar el manejo y solución de aquel asunto, la protección y traslado al exterior, que era la opción pensada, de Máximo Canales, al sector “militar” del partido. A partir de ese momento, no lo volví a ver en mi vida, pese supe de sus andanzas de Quijote, hasta en Centroamérica, en el mejor y más bondadoso uso del calificativo o nombre, tal como el propio hidalgo se concebía, mientras fue “El caballero de la triste figura”. Luego supe de su regreso al país y de su dedicación al arte de la pintura hasta su temprana muerte. Un tiempo atrás de la acción liderada por Canales, un “comando” del PCV habíase apoderado de unas pinturas venidas del Museo del Louvre de París para una exposición en Caracas. Una acción sólo realizada para hacer publicidad y llamar la atención al mundo sobre las lucha en Venezuela y la despiadada represión del gobierno ante cualquier protesta, aunque fuese sólo por asunto salarial, cuando estaba en vigencia un decreto que, entre otras cosas, devaluó una moneda que había estado firme por décadas en 3,35 bolívares por dólar y rebajó los salarios en el 10 por ciento. Todo eso para favorecer la política de sustitución de importaciones diseñada por Betancourt y previamente acordada con Nelson Rockefeller. Llegado a este punto, es valedero recordar que, si bien quienes en un momento dado optaron por definir que nuestra forma privilegiada de lucha debía de ser la armada y particularmente la guerrillera, por el efecto ecuménico de la llamada “Revolución cubana” y particularmente por determinaciones ajenas a nuestra realidad, dentro del cuadro que entonces llamaban “Guerra Fría”, apenas en sus inicios, se fundamentaron también en la conducta gubernamental de procurar cerrar todo espacio de lucha legal, detener, torturar y hasta asesinar a alguien por el sólo hecho de manifestar por algún derecho y solo decir “abajo el gobierno”. Entonces Betancourt, había concertado con el capital estadounidense su proyecto llamado “sustitución de importaciones”, un engañoso nombre para justificar la entrada o traslado de industrias de aquel país al nuestro para aprovechar la mano de obra existente y los bajos salarios impuestos por su gobierno. Toda la conducta de la izquierda de entonces, que además del PCV, el MIR incluía a factores de URD, de Jóvito Villalba, fue en gran medida provocada por la descomunal ola represiva desatada por el gobierno, muy bien calculada, que llevó al sector dirigente de mayor peso cuantitativo a imponer la idea que la respuesta debía ser la armada, lo que Betancourt quería, un poco la misma visión fracasada que él impuso a AD en la lucha contra Pérez Jiménez. Para el 16 de enero de 1963, como antes señalé, un comando armado del PCV, tomó del teatro de Bellas Artes de Caracas una parte de las muestras pictóricas venidas de París, para luego devolverlas, pues como ya dije, sólo se intentaba llamar la atención sobre lo que acontecía en Venezuela. Este evento condujo, con los mismos fines y actuación, el 12 de febrero, así un mes después, al secuestro del buque mercantil de la Venezolana de Navegación, llamado Anzoátegui. Esta acción fue ejecutada por un grupo de militantes del MIR, comandada por Rómulo Niño y entre sus componentes estuvo un jovencito con el seudónimo de Máximo Canales. Poco tiempo después, en el mismo año 1963, 24 de agosto, se produjo el secuestro de Alfredo Di Estéfano, llamado “la Saeta Rubia”, por habilidad para jugar al futbol, quien después de haber jugado en su país y en el “Millonarios” de Colombia, había llegado al Real Madrid y con equipo se encontraba en Venezuela para un juego amistoso. La mayor muestra del carácter de aquel secuestro, puramente propagandístico y con mucho contenido de humanismo, como lo tuvieron los anteriores, los de los cuadros venidos de Francia y el buque mercantil Anzoátegui, es que “La Saeta Rubia”, la entonces gran figura del fútbol suramericano y mundial, antes que aparecieran Pelé y Maradona, y el comandante del grupo que le secuestró, Paul del Río o Máximo Canales, terminaron siendo amigos, como que el astro argentino, al momento de retirarse de todo lo relacionado con el fútbol, siendo presidente del “Real Madrid”, invitó a su secuestrador, le acompañase en el acto que, al efecto, fue realizado en el estadio Santiago Bernabéu, escenario sede de aquel equipo de fútbol. Años más tarde, cuando ya los partidos PCV y MIR se habían acogido a la pacificación y divididos, tal que parte de ellos se mantuvieron en aquella lucha inútil, producto de malas lecturas, influencias y hasta de lo ecuménico, se produjeron nuevos actos y secuestros con fines y procederes absolutamente diferentes a los que ya hemos mencionado. En 1972, Carlos Domínguez, conocido como “empresario de la hojalata”, fue secuestrado por un comando de la guerrilla y más tarde, en 1973, el empresario del aluminio, William Frank Niehous, con fines y hasta finales absolutamente diferentes a los acontecimientos anteriormente narrados. Y es que el mundo da vueltas y los humanos en eso andamos y buscamos salidas y hasta equilibrio dentro del movimiento; en veces nos movemos más aprisa de lo que debe ser y hasta más lento y por eso caemos o nos quedamos varados, en donde no deberíamos estar. Porque la lucha por el cambio es complicada y es un barullo, donde confundimos ángeles con demonios y viceversa; y hasta al infierno con el cielo. Como el Quijote confundía ventorrillos con castillos y aquella señora maloliente, de fea figura y mal hablar con su Dulcinea del Toboso y molinos de viento con guerreros gigantescos y enemigos. Y es frecuente, sigue siendo frecuente, que uno se embarque o comprometa en una empresa, con la idea de enderezar un entuerto, como solía hacerlo el hidalgo de La Mancha y termine en otra cosa, porque confunde un grupo de humildes sacerdotes y campesinos, con bandidos y ventorrillos con castillos. Y lo que es peor, a una banda de delincuentes y corruptos como El Aissami y los suyos, con revolucionarios que quieren cambiar al mundo por el bien de todos. Y mientras a él y los suyos se les acoge, a los buenos, pero discrepantes, se les pone a un lado y hasta enfrente, *Medio lucio. Se trataba de la moneda de Bs. 0, 25 o un cuarto del bolívar de plata que, por los años, gran parte de lo en ella grabado, como figura de Bolívar y letras, habían desaparecido y, por tal motivo, tenía un mayor valor en el mercado de los coleccionistas.

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